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Los Vengadores, La Película |
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Los Mal Cosidos Retales De Una Mala Película escribe desde España: Acege En un grupo de news dedicado a los fans de Steed y la sra. Peel, no hace mucho que un enfervorizado admirador proclamaba que "Los Vengadores no es una serie de TV, sino una forma de ver la vida". Y no le faltaba razón. Al igual que "El Prisionero", "Star Trek" o "Los Expedientes X", la ya clásica serie británica crea un universo propio muy singular que en buena medida es la base de su mitificación. Personalmente, reconozco que no puedo ser objetivo al hablar de ella; desde que la descubrí en su reposición de los 80, se ha convertido en mi serie favorita de todos los tiempos y en una pasión particular.
Que Ralph Fiennes es un excelente actor no hace falta decirlo; pero que el protagonista de "Quiz Show" encaja tanto en la piel de John Steed como Danny de Vito en la de Superman, tampoco. El suyo es sin duda uno de los errores de casting más clamorosos de la historia del cine, y sus esfuerzos no pueden vencer lo que es, sencillamente, una carencia flagrante de tipología física para un personaje que no hubiera padecido un actor con aire mas "british" al estilo de Pierce Brosnan (...aunque sea irlandés). Con Fiennes, el personaje de Steed comienza, ya de partida, siendo anticarismático y poco creíble. La elección de Uma Thurman parece algo más inteligente (al menos teniendo en cuenta cuáles fueron las otras candidatas al papel que la precedieron, Gwyneth Paltrow y Nicole Kidman), pero de entrada el Monumento Rubio ha de luchar contra una caracterización infame que consigue lo que muchos considerábamos imposible: hacer que parezca un adefesio. Desde luego, su peluquero y su maquillador me han hecho replantearme mi oposición a la pena de muerte (quizá en casos como el suyo esté justificada), y para colmo de males el prestigioso Anthony Powell convierte la estética pop que Diana Rigg hizo famosa, en un desfile de modelitos de carnaval a cual más chillón y ridículo (mención especial para el mono de color "rojo capote torero" cubierto con gabardina negra) mostrándose a la altura de su renombre tan sólo en el famoso traje de cuero negro, el único con el que Emma Peel aparece dotada del atractivo que la caracterizó en el pasado. Por otra parte, la característica frialdad de la Thurman desangela totalmente a un personaje de la simpatía y el encanto de la Señora Peel, cuya irresistible chispa se pierde definitivamente.
El guión, por su parte, muestra el mismo defecto que la elección del casting. Cualquier conocedor profundo de la serie original puede constatar que Don MacPherson ha hecho los deberes, estudiando a fondo su esencia y ofreciendo a los fans una cascada de guiños cómplices: se pronuncia el famoso grito de guerra del dúo ("¡Señora Peel, nos necesitan!"); se recuperan los vehículos originales de los protagonistas (incluido el Blue Lotus de Emma)*; se hace referencia al episodio más mítico de la saga en las escherianas habitaciones de la mansión de Sir August (The House That Jack Built / La Casa Que Jack Construyó), e incluso en la versión original, se recupera la voz de Patrick Macnee, el Steed televisivo, encarnando (es un decir) al invisible Coronel Jones. Asimismo, MacPherson toma buena nota de los rasgos más característicos de Los Vengadores: juegos con las palabras (el meteorólogo August de Winter -"Agosto de Invierno"; la sociedad cuyas siglas conforman la palabra "B.R.O.L.L.Y"; la referencia a "San Brisio", supuesto patrón del clima, etc.); personajes excéntricos; organizaciones de carácter casi surrealista ("Clima Maravilloso: Microclima a la Carta"); recreación de ambientes irreales (la particular selva con monzón incluido de Sir August); toques de humor absurdo (los disfraces de ositos de peluche) y, en definitiva, todos los detalles que dotaban a la serie de un aire delirante entroncado con Lewis Carroll o Edward Lear. El problema es que lo que funcionaba en los episodios televisivos no funciona aquí. MacPherson conoce los ingredientes de la receta, pero no acierta con la dosis ni con el punto de cocción. Sirvan como ejemplo los cruces de frases ingeniosas entre los protagonistas, tan típicos de la serie, que aquí resultan sosos y carentes de gracia, o los llamativos matones del villano, igualmente característicos, reducidos aquí a un grupo de macarras de saldo entre los que se incluye nada menos que a Shaun Ryder, ex-líder de los Happy Mondays y vocalista de Black Grape. En definitiva, a pesar de su voluntarioso seguimiento de las claves de Los Vengadores, MacPherson sólo consigue crear un penoso, caduco, ridículo y desenfocado pastiche de lo que otros guionistas con más talento convirtieron en mítico.
Para colmo de desventuras, Los Vengadores sufre del mismo mal que nuestro "Coyote" nacional: Se trata de una película mutilada. El incendio de varios decorados por un lado y el descontento de los productores con el resultado final por otro empujaron a sus artífices a realizar cortes kilométricos de ultima hora, que dada la escasez de tiempo disponible, incluso impidieron su preestreno entre la prensa británica con el consiguiente cabreo de los críticos. Cualquier espectador atento puede observar las mil y una lagunas presentes en el montaje final, realizado a hachazo limpio: mientras juegan al ajedrez, Emma comenta que "he estado analizando los gráficos de las explosiones"; esas explosiones, que debían haber aparecido al principio del film como pruebas de las manipulaciones de Sir August con el clima, son las que justificarían que se convirtiese en el principal sospechoso... Pero han sido cortadas. Cuando salen de la tienda de Trubshaw, Emma y Steed son observados por un secuaz del villano, y mientras viajan en coche sirviéndose té, puede verse tras ellos como el "mini" de estos va aproximándose a su vehículo; ahí probablemente había una secuencia de acción, pero fue cortada, por lo que lo siguiente que vemos es a los protagonistas llegando a casa de sir August sin que haya rastro alguno del "mini" que les seguía.
Lo que ve en la pantalla el espectador no es, por tanto, un film en el que se han realizado los consabidos retoques finales con vistas al montaje definitivo, sino un caso de brutal amputación de buena parte de su metraje (reducido por ello a unos escuetos 85 minutos) similar a la sufrida en su día por las "Mentes Peligrosas" de la Pfeiffer o el "Aprendiendo a Vivir" de James L. Brooks. Es decir, que Los Vengadores no es tan solo una mala película, sino los mal cosidos RETALES de una mala película. Y nadie, ni siquiera el invencible dúo de agentes secretos de imborrable recuerdo, puede ganar una batalla en la que han de pelear contra un director torpe, un guionista ineficaz, unos actores inadecuados y un metraje mutilado. Su derrota resulta aún más frustrante para los que estamos convencidos de que, en las manos adecuadas, las aventuras de John Steed y la Señora Peel podrían haberse convertido en una película fabulosa. Por desgracia, solo nos queda el consuelo de la imborrable grandeza de la serie original y la frustración de ver convertido su paso a la gran pantalla en un esperpento de dolorosa visión *Obviamente,
esto no es una errata, sino una metedura de pata con todas las de la ley,
que habrá captado cualquier persona que no sea tan negada en el tema automovilístico
como para confundir un Ferrari con un carro de heno (como es mi caso). Como
amablemente me ha indicado el amigo Carlos, "Uma Peel" no conduce
un Lotus en la película, sino un Jaguar. Y mientras me autocastigo cual
Bart Simpson a escribir en la pizarra mil veces "No volveré a confundir
un Lotus con un Jaguar", aprovecho la ocasión para señalar el porqué
del cambio de auto, citado por Chechik en el "making of" del film: "En
mi memoria aparecía Emma conduciendo el Lotus, por lo que inicialmente,
quería un Lotus para la película. Pero cuando trajeron uno al estudio, me
di cuenta de que había perdido su encanto; el coche que había encontrado
tan increíble en el pasado no era en la actualidad en absoluto tan impresionante
como lo recordaba. Y como el coche de mis fantasías juveniles siempre fue
un Jaguar, buscamos uno y colocamos a Uma junto a él: Quedaban estupendos
juntos. Había encontrado mi coche". [Nota: Maldito sacrílego...]. Acege
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